Muchas veces la manera en que los niños ven las cosas, nos dejan descolocados y nos hacen sonreir.
Al observarle podemos ver que tienen una gran capacidad de aprender, sorprenderse, y sobre todo, la inocencia de sus razonamientos.
Detrás de esa inocencia habita la sinceridad de su corazón, de ahí que nos resulte maravilloso el comentario inocente y sencillo de un niño.
Además los niños creen todo lo que les contamos los mayores, porque confían en nosotros y nos admiran y cada día aprendemos mucho de ellos.
Por eso pienso, que aunque vayamos madurando nunca se debe de perder esa inocencia, en la que las respuestas sean sincera y en el que nunca dejemos de aprender y ser curiosos.Y sobre todo, siempre hay que mantener esa inocencia en los niños porque es lo que les hace especiales.











